El Catecismo Menor

de Martín Lutero
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Preguntas cristianas con sus respuestas

Preguntas cristianas con sus respuestas

Sección 4

Formuladas por el Dr. Martín Lutero para los que intentan comulgar.

[Estas preguntas cristianas, con sus respuestas, aparecieron por primera vez en una edición de El Catecismo Menor en 1551.]

Después de la confesión e instrucción en los Diez Mandamientos, el Credo, el Padrenuestro, los sacramentos del Santo Bautismo y la Cena del Señor, el confesor preguntará, o uno a sí mismo:

¿Crees que eres pecador?

Sí, lo creo; soy pecador.

¿Cómo lo sabes?

Sé que soy pecador por los Diez Mandamientos, los cuales no he guardado.

¿Sientes pesar por tus pecados?

Sí, siento mucho haber pecado contra Dios.

¿Qué mereciste de Dios por tus pecados?

Merecí la ira y el desagrado de Dios, muerte temporal y eterna condenación.

¿Esperas ser salvo?

Sí, es mi esperanza entrar en la vida eterna.

¿En quién confías para tu salvación?

Confío en mi amado Señor Jesucristo.

¿Quién es Cristo?

Cristo es el Hijo de Dios, verdadero Dios y hombre.

¿Cuántos dioses hay?

Hay un solo Dios; mas hay tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

¿Qué ha hecho Cristo por ti para que confíes en él?

Cristo murió por mí, derramando su sangre en la cruz para la remisión de mis pecados.

¿El Padre también murió por ti?

No; el Padre es Dios solamente, el Espíritu Santo también. Mas el Hijo es verdadero Dios y verdadero hombre: él murió por mí y derramó su sangre por mí.

¿Cómo lo sabes?

Lo sé por el santo evangelio y por las palabras del sacramento, y por su cuerpo y sangre que se me dan como prenda en la Santa Cena.

¿Cuáles son estas palabras?

El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.” Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí.”

¿Crees, pues, que en la Santa Cena está el verdadero cuerpo y sangre de Cristo?

Sí, lo creo.

¿Qué te hace creerlo?

La palabra de Cristo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo; bebed de ella todos: esto es mi sangre.

¿Qué debemos hacer cuando comemos su cuerpo y bebemos su sangre, recibiendo así la prenda de la promesa?

Debemos recordar y anunciar su muerte y el derramamiento de su sangre, así como él nos enseñó: Haced esto, todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

¿Por qué debemos recordar la muerte de Cristo y anunciarla?

Debemos aprender a creer que ninguna criatura ha podido expiar nuestros pecados, sino Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre; y debemos aprender también a considerar con temor nuestros pecados y conocerlos en verdad como graves, y regocijarnos y consolarnos sólo en él, y por tal fe ser salvos.

¿Qué indujo a Cristo a morir por tus pecados y expiarlos?

Cristo murió por mí movido por su gran amor para con su Padre, para conmigo y los demás pecadores, como está escrito en Juan 14; Romanos 5; Gálatas 2; Efesios 5.

En fin, ¿Por qué deseas comulgar?

En la Santa Cena quiero aprender a creer que Cristo murió por mis pecados, por el gran amor que tiene para conmigo; y quiero aprender también de él a amar a Dios y a mi prójimo.

¿Qué ha de amonestar y animar al cristiano a que comulgue con frecuencia?

Respecto a Dios, tanto el mandato como la promesa del Señor Jesucristo deben animar al cristiano a comulgar con frecuencia; y con respecto a sí mismo, la miseria que lo aflige debe impulsarlo, debido a lo cual se dan tal mandato, estímulo y promesa.

Pero, ¿qué debe hacer uno, si no siente esa miseria, ni tampoco ese hambre y sed por la Cena del Señor?

Al tal no se podrá aconsejar mejor que, en primer lugar, ponga su mano en su pecho y palpe si tiene todavía carne y sangre, y crea lo que las Sagradas Escrituras dicen en Gálatas 5 y Romanos 7. En segundo lugar, debe mirar en torno de sí, para ver si está aún en el mundo, y debe pensar que no faltarán pecados y miserias, como dicen las Sagradas Escrituras en Juan 15-16 y 1 Juan 2 y 5. En tercer lugar, seguramente tendrá también al diablo muy cerca de sí, quien con mentiras y asechanzas de día y noche no lo dejará en paz interior ni exteriormente, como lo describen las Sagradas Escrituras en Juan 8 y 16; 1 Pedro 5; Efesios 6; y 2 Timoteo 2.

Nota: Estas preguntas y respuestas no son juguete, sino que han sido compuestas con toda seriedad y propósito por el venerable y piadoso doctor Martín Lutero, para jóvenes y ancianos. Cada uno debe prestar atención y considerarlas como cosa seria, pues el apóstol San Pablo dice a los Gálatas en el capítulo sexto: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado.”